lunes, 7 de julio de 2014

El partido de la FIFA


¿Quién no pasó, de chibolo, por la clásica “pichanguita” de fin de semana (o de recreo) en donde el dueño del balón trataba de imponer sus reglas como sea, porque si no se iba con pelota y todo, y todos se quedaban sin jugar? Y, aunque le concedíamos los caprichos, al final todos disfrutaban del encuentro porque, al fin y al cabo, te guste o no, reniegues o no reniegues en las redes sociales sobre el mundial, así es el fútbol. Y la FIFA lo sabe bien. Esta organización (o seudosecta, o club secreto en una casa del árbol de oro) da la impresión de estar jugando su propio partido a costa de la pasión de los demás, y llevándose un buen fajo de dinero por lo bajo. Lo cierto es que siempre se ha hablado al respecto, pero al final la fiebre futbolística acallaba cualquier denuncia… A excepción de estas últimas fechas, cuando el tío Joseph Blatter (presidente de la FIFA desde el 1988, que piensa mandarse a sus “cortos” 78 años a la reelección, pero esta vez como “Munra”) se puso en aprietos luego de las publicaciones de los diarios Sunday Times, The Telegraph y el New York Times; gracias a las que se está realizando una investigación interna por partedel ex fiscal de Nueva York, Michael J. García. Y todo esto no solamente tiene que ver con el amarre de plata para realizar los mundiales en uno u otro lugar, sino también con pruebas de partidos arreglados. Así que afrontémoslo ya: A la FIFA no le importa que el 30% de tu población sea pobre, o si está plagada de denuncias de violación a los derechos humanos, o ni siquiera si tu país ha llegado alguna vez al mundial; si no cuánto le des por lo bajo. Triste realidad mundialista.


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